Los orígenes de este convento se remontan a 1535 y
muchos lo atribuyen a fray Juan Cruzat, de tal modo que formó parte del grupo
de los primeros conventos agustinos que se edificaron en el estado de Morelos.
Se concluyó su construcción hacia 1567, aunque en el siglo XVIII fue objeto de
importantes modificaciones, principalmente concentradas en el templo y en el
atrio.
La iglesia preserva su planta cuadrangular original,
además, su fachada, tiene a la derecha la torre del campanario y a la derecha
una capilla abierta. En una tentativa por devolverle a este noble edificio su
colorido original, se decidió pintar la fachada y los muros que la rodean de
color rojizo. En los inicios del siglo anterior, se le agregó a la fachada un
gran reloj.
Ahora bien, la fachada del templo es sencilla pero no carente de
elegancia y el interior de esta construcción, si bien ya no cuenta con sus
ornamentos originales, del siglo XVI, ostenta decoraciones, más bien
neoclásicas y de escaso valor artístico.
Caso contrario es el de las hermosas capillas que se
localizan a los costados de la iglesia. Una de ellas, la de la izquierda, es la
admirable Capilla del Rosario, construida en el siglo XVIII y con una planta
ovalada muy poco usual. Incluye dos retablos barrocos de enorme belleza, uno de
ellos dedicado a la Virgen del Rosario y el otro a la Virgen de Guadalupe. En
lo que se refiere a la capilla del lado derecho, esta se utiliza actualmente
como baptisterio, conserva restos de pintura antigua en un altar y cuenta con
una formidable pila bautismal, trabajada en una sola pieza.
Por lo que se refiere al claustro, este último
preserva una vasta porción de su pintura mural original. Destacan los retratos
multicolores de importantes frailes agustinos y en la Sala de Profundis, una
compleja pintura, que representa diferentes escenas de la vida cotidiana de los
religiosos agustinos.
Finalmente en lo relacionado con el atrio, en sus
esquinas se conservan dos capillas posas con una extraña planta triangular.
Detalles como los arcos invertidos, las elegantes curvas en los remates de las
portadas de la banda atrial, además de las mencionadas capillas posas, señalan
una gran carga barroca en todo el complejo arquitectónico de este convento.



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