Recorrer
estos recintos obliga al visitante a hacer parada en la iglesia y ex-convento
franciscano San Diego de Alcalá, de 1528, cuando los frailes dominicos
visitaron la localidad con la finalidad de evangelizar; pero no fue hasta 1580
que se establecieron en el poblado para edificar ahí una capilla de visita.
Más
tarde, en 1640, los franciscanos descalzos, también conocidos como “Dieguinos”,
tomaron el control de la localidad. Esta acción dio paso a que se construyera
el templo en honor del Señor San José.
Durante
muchos años fue recinto sagrado, pero con la llegada del ferrocarril, el
monasterio se convirtió en hotel, su huerta en la estación, y el templo y la
capilla, en bodegas.
Cuando
el tren dejó de funcionar, el lugar quedó abandonado y, por ende, fue devuelto
a la iglesia.
A
la capilla de visita se le anexó un convento de dos claustros formado por un
pequeño atrio que originalmente estaba rodeado por una barda de arcos
invertidos que conducía directamente a la iglesia.
La
fachada es un arco de medio punto (con forma de semicírculo), adornado con
recuadros. Cada lado tiene una columna hecha con trozos labrados y rústicos de
estilo corintio.
La
iglesia es de una sola nave con bóveda de arista, y en el lado sur se le añadió
una capilla que data del siglo XVII.
Durante
el Sitio de Cuautla, el general Hermenegildo Galeana utilizó la iglesia y
ex-convento franciscano como cuartel. Desde ahí, observaba cuando se acercaban sus
enemigos y lanzaba misiles para defender el territorio.





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