Ex Convento De La Natividad



La entrada al atrio tiene como rasgo característico una portada de semillas que se renueva cada siete de Septiembre, para el festejo a la Virgen de la Natividad; alrededor de 40 personas trabajan cerca de 30 días con sus noches, cortando y pintando las semillas, que dan como resultado un mural distinto cada año.

Fue edificado por indígenas tepoztecos con piedras talladas y unidas con mortero de cal, arena y aglutinantes vegetales, bajo la dirección de la orden de los Dominicos -fundada en 1215-, en el Siglo XVI, en honor de la Virgen de la Natividad.

Sabemos que en 1580 el convento ya estaba en funciones, permaneció bajo resguardo de sus fundadores hasta 1773, en que fue entregado al clero secular como consecuencia de las Reformas Borbónicas de finales de Siglo XVIII.

A este complejo lo componen: el Templo, una Capilla Abierta, cuatro Capillas Posas, Atrio con una gran Cruz Atrial y el Convento.

Como dijimos en la entrega anterior su fachada es de estilo plateresco, en lo alto exhibe a la Virgen María acompañada por Fray Domingo de Guzmán, fundador de la orden Dominica en 1215 y por Catalina de Siena, santa venerada en esa orden; a la que acompañan santos, ángeles y querubines.

Asimismo, escudos emblemáticos y el infaltable perro con la antorcha, símbolo de los dominicos, así como la flor de lis.

A simple vista la construcción podría considerarse austera; sin embargo, la riqueza y colores de las distintas pinturas en los muros del interior, lo hacen lucir esplendoroso.

En este convento como en otros de la Nueva España, en el centro tiene un patio adornado con una fuente y un jardín, en el que hay plantas de sombra y algunos árboles como: naranjos para perfumar el ambiente y porque simbolizan la pureza.

En la planta baja del Convento alrededor del claustro, delineado con bardas almenadas se encontraba la Sala Capitular (pieza amplia donde se reunían todos los monjes), el Refectorio, la Cocina y la Sala Profundis -ahí rezaban el Salmo 129-.

En la parte superior estaban: las celdas de los frailes, el Antecoro (entrada al coro de la iglesia) y los baños perfectamente restaurados, incluso con algunas pintas originales en las paredes. 


Un detalle que se puede observar en este claustro son los lavabos que, además de estar en un punto extraordinario, tenía un sistema de captación de agua que corría hasta la parte baja, era recolectada y con ella regaban las plantas.


Un mirador que como las celdas, está orientado hacia la majestuosa cordillera tepozteca que forma parte del corredor biológico Chichinautzin, área de protección de flora y fauna desde el 30 de noviembre de 1988, por el entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado.


En los amplios corredores realizaban procesiones que obligadamente debían ser en sentido contrario a las manecillas del reloj, con el objetivo de ver de frente los altares pintados en las esquinas del claustro, que muestran la escenificación de la pasión y muerte de Cristo.

Todo el interior del convento se caracteriza por tener impresionantes decoraciones en las bóvedas; los pintores plasmaron figuras geométricas y flores ofrecidas a la virgen, además de emblemas de la orden fundadora -Dominica-, hojas espinosas, -de acanto- y extraños reyes con cola de pez entre otras figuras no definidas.

Era usual en ese entonces, que las personas -tal vez los naturales- decoraran las iglesias y los conventos con dibujos que copiaban de los libros que les proporcionaban los frailes, otras veces sólo les describían, como determinados animales y aquellos las plasmaban a su entender, dejando a veces figuras amorfas.

Hoy, en la planta alta se localiza el Museo y Centro de Documentación Histórica de Tepoztlán, inaugurado el 26 de Noviembre de 2000.


Está integrado por cinco salas de exhibición, en las que podemos conocer los distintos aspectos de la historia y la cultura de los pueblos, que vivían en lo que hoy es este Municipio.

La máxima expresión arquitectónica en México, la podemos admirar, principalmente en las construcciones de origen religioso, como ésta.
 

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