Este convento fue fundado por la orden de los agustinos comenzando su
construcción en 1570. Es uno de los mejor conservados de la región y el mejor
ejemplo de arquitectura almenada. Sin duda majestuoso por la verticalidad
reinante en todo el conjunto, está formado por un atrio perfectamente delimitado,
capillas posas y el claustro de dos niveles.
Hoy en día, se conservan tres capillas posas y sus bardas están completas
coronadas con almenas. En una de las capillas posas se venera al Señor de
Tepalcingo y su interior está decorado con la técnica de esgrafiado con motivos
vegetales y geométricos.
La fachada muestra una bella espadaña y una torre campanario tan alta como
el templo edificada en el silgo XVI.
Al centro un cuerpo más reciente en el
cual está instalado un reloj de la época porfiriana, ajena a la arquitectura
original.
El interior consta de una sola nave techada con una bóveda de cañón
corrido. Sobre el altar mayor hay una Última Cena que parece estar repintada.
La pila bautismal de una sola pieza refleja el trabajo de manos indígenas. En la
portería, sobre el muro sur destaca un fresco representando el árbol
genealógico de los agustinos. En la bóveda se ven preciosas lacerías de vivo
trazo geométrico, pintadas en cálidos rojo oscuro, con imágenes de soles,
estrellas y corazones.
La capilla abierta al norte es de tres naves; guarda absoluta armonía con
toda la arquitectura del conjunto.
Los dos niveles del claustro están reforzados con contrafuertes. Por el
claustro bajo se accede a una capilla cuya bóveda está pintada con lacerías
combinadas con estrellas.

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